La arena blanca y las olas de las playas de Iquique son el escenario de esta teleserie, donde sus protagonistas son amantes del surf. Juan Pablo Sáez interpreta a Emilio Fernández, el vértice del principal triángulo amoroso de la trama, integrado además por Javiera (Catalina Pulido) y Paulina (Catalina Guerra). El personaje es un surfista que encuentra en la actividad una satisfacción casi mística.La historia comienza un verano cuando llega a Iquique un grupo de surfistas denominados “La Hermandad de las olas“, provenientes de Santiago. Se trata de Sebastián (Marko Fabjanovic), Ignacio (Jorge Zabaleta) y Polo (Jaime Mondria), quienes viajan acompañados de Fabiola (Amaya Forch), la polola del Nacho.
Ese verano pasa de todo y llegan familias de muy distinta índole. Un caso es de el de Los Ossandón, una familia adinerada, que prefiere observar la costa desde la terraza de la casa. Y otra muy diferente son Los Cárcamo, el clan compuesto por la Quena (María Izquierdo), Juan Carlos (Gonzalo Robles), la Paola (Valentina Pollarolo) y el Jano, Alejandro (Freddy Araya).
Esta familia cobra vida propia y hace reír al público con sus escenas cargadas de humor. El clan vive en su casita de Recoleta, donde Juan Carlos tiene su taller mecánico, sustento del hogar, y la Quenita instala una especie de peluquería.
Jano, quien es un fanático computín, conoce a Camila Ossandón (Francisca Merino), una joven muy especial que no disfruta de la playa como la gente de su edad. Ambos comenzarán una intensa relación que continuará en Santiago.
En tanto, la Paolita se enamora de Sebastián, el surfista, quien después iniciará su carrera como cantante. La Pao, como le dice éste, es la presidenta del fun club de Sebastián. En tanto, Javiera, quien es gerenta general de Orbita Records, producirá su disco.
Ganadora en su momento de la guerra de las teleseries (TVN v/s Canal 13), dio para un spinoff, Los Cárcamo.
Producida por TVN en el primer semestre de 1987, basada en guión original de Celia Alcántara y adaptado por Fernando Aragón y Arnaldo Madrid. Fue dirigida por Ricardo Vicuña.Elena Muñoz fue la protagonista de esta telenovela, ella encarnaba a Lara Fernández, una mujer que trabajaba en un club nocturno hasta que era descubierta por un productor de Televisión, Pablo Mondetti (Bastián Bodenhofer), quien se transforma en su príncipe azul cuando la llevaba a trabajar al Canal 21 como bailarina de un espacio musical.
Con el tiempo la relación laboral con Pablo pasará de la amistad al amor y más allá de los estudios de televisión.
En el Canal 21 se está grabando una teleserie y la primera actriz ha sufrido un accidente que impedirá que continúe en el papel. Será entonces la gran oportunidad a Lara de reemplazarla. Pero no todo será tan fácil, porque deberá enfrentar la envidia, los celos profesionales y las intrigas de los demás actores.
“Mi nombre es Lara” no es sólo una historia de amor, muestra además el mundo que se mueve detrás de las cámaras de televisión. La teleserie refleja parte de esa vida de los actores, productores, libretistas, periodistas, directores y productores de programas y camarógrafos.
Una inquietante historia comienza con la amistad de cuatro amigos, Rodrigo Quintana (Francisco Melo), Piedad Estévez (Sigrid Alegría), Julián García (Alvaro Rudolphy) y Benjamín Morandé (Francisco Pérez-Bannen). Sus sueños por terminar la carrera de medicina y ayudar a los más pobres, es uno de los motivos que une aún más a este grupo de amigos.Pero una amistad tan cercana, no podía estar exenta del amor -el de pareja- será entonces que Rodrigo Quintana y Piedad Estévez, comenzarán una fuerte relación amorosa, la que con el tiempo finalizará abruptamente. Las drogas y un confuso incidente, terminará con un muerto y Piedad hospitalizada, sería entonces el detonante para que la relación se esfumara y Rodrigo escapara del país en busca de ayuda médica.
Pasarán 15 años para que la vida apacible y fructífera de estos amigos se inquiete. Rodrigo Quintana vuelve al país, después de una extensa rehabilitación en Europa. Esta noticia afectará sobre todo a Julián, -recién separado- vuelve a inquietarse, sobre todo por Piedad, durante años la ha amado en silencio y teme, que nuevamente Rodrigo le quite la posibilidad de estar con ella. Mientras que Piedad, entenderá que nunca olvidó a Rodrigo, convirtiéndose en el gran amor de su vida.
Pero el amor, no será lo único que inquiete a este inseparable grupo de amigos, en una fiesta de beneficencia, serán testigos de un horrible crimen. La víctima, María Gracia Carpenter (Amparo Noguera), una conocida socialité, es la tercera muerte que remece a la gran ciudad. Todos serán sospechosos, dando inicio a un triller de verdadero suspenso, cada uno tiene sus motivos para cometer estos extraños asesinatos. La comisario Eva Zanetti (Paola Volpato), será la encargada de recopilar las pistas para atrapar al asesino en serie que perturba la tranquilidad de la ciudadanía. Sólo uno es el asesino y a medida que avancen los días, las pruebas lo delatarán…
Intersante propuesta para el horario prime que marcó un hito en cuanto a rating.
Uno de los grandes éxitos de Daniela Romo es esta teleserie mexicana de 1986 cuyo tema principal interpretado por ella misma y escrito por Juan Gabriel, fue número 1 en las listas.
Es la historia Mario y Santiago (Carlos Ancira), ambos están enamorados de la misma mujer, Martha. Mario la embarazó y Santiago contrajo matrimonio con ella y juntos tuvieron dos hijas Gabriela (Daniela Romo) y Julieta (Gabriela Rivero).
Juntos están involucrados en el contrabando de diamantes encabezado por Adolfo Avila (Claudio Brook), un hombre desalmado que mata a Martha y los culpa del asesinato. Ambos son chantajeados y obligados a hacer un trato con el traficante para no ser arrestados. Mario tiene que darle a Adolfo el cincuenta por ciento de las ganancias de su cadena de restaurantes durante veinte años y Santiago tiene que huir con sus dos hijas y cambiar su personalidad por la de Fausto Guillén.
Gabriela y Julieta se mudan constantemente de casa y de ciudad por razones que solo su padre conoce. Después de un tiempo las chicas trabajan en uno de los restaurantes de Mario sin saber la verdadera historia que guarda su pasado. Ahí Gabriela conoce a Carlos (Fernando Saenz) hijo de Adolfo Avila y a David (Salvador Pineda), hijo adoptivo de Santiago, el verdadero hijo de Mario, quienes la seducen y cortejan. Mientras tanto Mario le pide a Santiago/Fausto, que se haga pasar por él durante los veinte años que dura el trato porque está muy enfermo y apunto de morir; antes de que estosuceda, Adolfo Avila asesina a Mario sin saber que ahora su lugar será tomado por Santiago.
Gabriela y David se casan y viven en un matrimonio supuestamente falso y es aquí donde empezará la sed de venganza entre la familia de Santiago y la de Adolfo que por ningún motivo se dejará chantajear una vez más.
Una de las mejores teleseries extranjeras que se ha podido ver en las pantallas nacionales. De origen mexicano y en su momento, mediados de los años 80, la transmitió TVN.
Cuenta la historia de la poderosa familia Larios, dueña de los laboratorios farmacéuticos Lar Creel. Carlos Larios (Raúl Meraz) se había casado en segundas nupcias con la ambiciosa Catalina Creel (María Rubio), para darle una madre a su pequeño hijo José Carlos. Con Catalina, tuvo un segundo hijo: Alejandro…
Cuando José Carlos tenía 6 años, ocurrió un terrible accidente mientras jugaba con un trompo: le sacó el ojo a su madrastra… Desde entonces, Catalina ha usado parches de colores para tapar su ojo de vidrio, y así superar en algo la amargura y la culpa que José Carlos arrastrará toda su vida…
Mucho tiempo después, José Carlos (Gonzalo Vega) y Alejandro (Alejandro Camacho) están adultos, incluso éste último se había casado con Vilma (Rebecca Jones), mujer de quien estaba muy enamorado…
Carlos Larios descubre el terrible secreto de su esposa: jamás perdió el ojo, y ha vivido toda su vida torturando a su hijo José Carlos, para que prefiera a Alejandro… Carlos decide cambiar su testamento, y ese mismo día es envenenado por Catalina…
El testamento era muy claro: la fortuna de los laboratorios sería para el primer nieto de Carlos Larios, o sea, el primogénito de José Carlos o Alejandro… Lamentablemente, Vilma Larios era estéril.
Es en este momento cuando aparece Leonora (Diana Bracho), joven humilde, quien cae rendida a los pies de Alejandro. El plan del segundo Larios, era engañarla: se casaría con ella en secreto, quedaría embarazada, y una vez que tuviera un hijo de su carne y sangre, la haría desaparecer y el niño se lo entregaría a Vilma, la única mujer en el mundo que amaba. Mientras tanto, Catalina se encargaba de destruir cualquier relación amorosa de José Carlos.
Todo sale bien para los malvados Larios… Leonora tiene su hijo, y se lo entregan a Vilma… Sin embargo, ella se salva de morir en manos de los secuaces de Alejandro Larios, y prepara su revancha: casarse con José Carlos Larios, y recuperar a su hijo desde la misma Cuna de Lobos donde se encuentra…
El final de esta teleserie es memorable con los nietos de Catalina en la vieja habitación de ella y uno de los niños con una parche en su ojo diciendo “yo no soy Braulio, soy el pequeño Edgar“.
Un amor de tres generaciones fue el que presentó TVN en esta telenovela, cuya historia transcurre en tres épocas diferentes. La primera está ambientada en la década de 1940 y contaba la historia de amor entre Isabel Torreblanca (Nancy Paulsen) y Humberto Valle (Remigio Remedy), un desconocido personaje que llegaba al pueblo de Alto Pinar. Como en toda buena historia romántica, las promesas de amor eterno no estuvieron ausentes, sobre todo si había una vieja tradición de por medio, que prometía a los que se juraran amor eterno a la sombra de la estatua de un ángel (de ahí el nombre de la telenovela).
Pero lamentablemente para ellos, no siempre esas historias resultan. Su relación no fue aceptada por los padres de ella, que los separan y la obligan a casarse con su prometido de toda la vida.
La separación da pie para la segunda parte de la historia, que se ambientaba en los años 60, porque los antiguos enamorados se volvían a encontrar y a separar. Este segmento del guión estaba centrado en la hija de Isabel.
La última parte de la telenovela nos traslada a los años ’80. pero esta vez los protagonistas principales son los nietos de Isabel y Hernán, quienes repiten la historia y al promesa de amor de sus abuelos. Pero esta vez tenían mejores resultados y, además, los ayudaban a reencontrarse definitivamente.
Dirigida por René Schneider en 1989, destacó también por su banda sonora, la que salió a la venta (creo que fue una de las primeras telenovelas que lo hizo) y se convirtió en un éxito.
El escenario principal de esta teleserie era un salón de belleza, donde se relataba la vida de su dueña, una famosa ex vedette llamada Kiki Blanche (Luz Jimenez), y sus hijos.
Una de las historias centrales de esta recordada telenovela de finales de los ‘80 se desarrollaba en torno a una de sus hijas y a su supuesta nieta. Entre ellas se producía un triangulo amoroso cuando Milena (la gran actriz Sonia Viveros), la mayor, se enamoraba de Esteban Greve (Osvaldo Silva), un abogado del que también se “enamoraba” la caprichosa Fernanda, pepel que estuvo a cargo de la debutante Ana María Gazmuri, comenzando los conflictos entre ellas por el corazón del abogado. La lucha tuvo un fuerte desenlace cuando Milena debe confesar algunos de los secretos mejor guardados de su pasado, con relación a Fernanda, quien resultaba ser su hija.
A la rebelde Fernanda también le toca recibir su lección cuando conoce a Marcelo, un argentino encarnado por Claudio Reyes, que le da lecciones sobre personalidad con el sello clásico de los porteños argentinos.
Los otros hijos de Blanche también aportan sus historias a la trama principal, con historias tan complicadas como las de sus hermanas. Connie (María Paz Vial), por ejemplo, se enamoraba de Gonzalo (Ramón Farías), un empleado bancario que no la toma en cuenta porque se enamora de Patricia (Nancy Paulsen), el amor oculto de Pablo (Alvaro Pacull), hermano de Connie.
Dirigida por Ricardo Vicuña es una de las grandes teleseries producidas por Televisión Nacional y una de las últimas consideradas clásicas o de la época dorada de las teleseries chilenas.
En menos de 30 años, La Esclava Isaura ha puesto dos veces a prueba a los más conocidos directores y conductores de la televisión local. Y en las dos ocasiones la historia llegada de Brasil ha logrado ganar. La primera vez fue en 1979, cuando Canal 11 -actual Chilevisión- emitió la versión original y consiguió derrotar a un espacio del desaparecido director Gonzalo Bertrán y a Sábados Gigantes, ambos de Canal 13. La segunda, que es emitida actualmente, supera ampliamente en audiencia al estelar de Rafael Araneda, de TVN, y dejó atrás al estelar de Kike Morandé en su segunda emisión.
Y si bien la compra de la actual versión fue una decisión meditada de la administración de Chilevisión, en 1979 fue la casualidad la que trajo a las pantalla la historia de la esclava blanca. Ese año, el entonces gerente de producción y programación de Canal 11, Alfredo Lamadrid, viajó a Brasil a comprar a la red brasileña Globo los derechos del show de Frank Sinatra en el Estadio Maracaná. Pero, estando allá, el ejecutivo vio un par de capítulos de una teleserie que estaba teniendo cierta repercusión y que se llamaba La Esclava Isaura y era protagonizada por Lucelia Santos.
“Me encantó por el contenido, las actuaciones y la ambientación”, señala Lamadrid, quien negoció los derechos de transmisión para Canal 11 y, de paso, convirtió a la estación en la primera en Latinoamérica en emitir la historia de la esclava blanca que luego fue exhibida en distintas partes del mundo. El primer capítulo salió al aire en octubre de 1979 y el último, en junio de 1980. En cuanto al horario, si bien en esa época las teleseries se emitían a la hora de almuerzo, Canal 11 decidió programarla a partir de las 19.30 a las 20.30 horas, lo que generó todo un debate en el Consejo Nacional de Televisión.
Al respecto, Lamadrid (director de Proyectos Audiovisuales en Uniacc y conductor del programa Cada Día Mejor, de Red-TV) comenta que en esos tiempos, Canal 13 tenía al aire Estudio 26, un programa juvenil de concursos que animaban Javier Miranda y Sergio Silva, y que dirigía Gonzalo Bertrán. “Se fue al suelo”, dice Lamadrid y agrega que era difícil competir con la teleserie brasileña, ya que marcaba 30 puntos de sintonía, según la antigua empresa de medición Tessmerck. El ex ejecutivo señala, además, que más de alguna vez logró superar a Sábados Gigantes, de Don Francisco.
Pero el comienzo no fue tan auspicioso. De hecho, fue la madre de Lamadrid quien, indirectamente, logró el éxito, al comentarle a su hijo Alfredo que sus amigas en la peluquería habían dicho que no entendían la historia. A partir de eso, el gerente de programación de Canal 11 optó por exhibir siete horas seguidas (de 13.30 a 20.30 horas) de teleserie bajo el título Engánchese con La Esclava Isaura, que ya llevaba 40 capítulos al aire. El especial-resumen se emitió un sábado y acaparó la audiencia en al menos cinco horas (o 10 media horas, que era como se medía el rating en esos años). ¿Resultado? La Esclava Isaura, afirma Lamadrid, subió 10 puntos de sintonía el lunes siguiente, lo que, paralelamente, ayudó a reforzar el noticiario Teleonce, que conducía Patricio Bañados.
Sobre esa época, el actual director de televisión Cristián Mason, que en ese entonces oficiaba como asistente de Gonzalo Bertrán en Estudio 26, de Canal 13, descarta que la alta sintonía de Isaura haya provocado el “impacto” que genera hoy. “En ese tiempo el rating se medía con cuadernillo y no era tan importante como es ahora”, asegura. Mientras, Valentín Trujillo rememora que en los 80 Sábados Gigantes pasó por “varias turbulencias, y así logramos reponernos varias veces también. Terremotos e histeria no hubo”, y agrega que “Mario (Kreutzberger, Don Francisco) no es un ganador perpetuo”.
El éxito de Isaura, en tanto, hizo que los ejecutivos de Canal 11 invitaran en 1980 a la protagonista de la telenovela, Lucelia Santos, a algunos programas como Cuánto Vale el Show y La Tarde Grande. La actriz brasileña estuvo tres días en Santiago y produjo gran expectación.
Tal como ahora, el reemplazo de La Esclava Isaura en los 80 fue un tema. Alfredo Lamadrid cuenta que durante su luna de miel se despertaba en mitad de la noche pensando en qué pondría en ese horario. Los Ricos También Lloran fue la carta, y no se equivocó. Hoy el gerente general de CHV, Mario Conca, dice que se “barajan distintas alternativas” e incluso “no necesariamente una teleserie”.
Esta es una de las telenovelas más recordadas de la década de 1980. En especial por el papel de Lucy Salgado quien interpretó a Isabel Valdivia, ella interpretó a una dueña de casa que se cansaba de su vida y decía hacer unos “pequeños” cambios, entre ellos estaba el de echar de la pieza a su marido. En los últimos capítulos, los libretistas le tenían reservado un trágico final, pero ella se las arreglaba para volver como un protector fantasma a cuidar a su familia.
La historia comenzaba cuando Hernán Ugalde (Tomás Vidiella), un acomodado doctor, y su hija Gabriela (Carolina Arregi) llegaban a instalar su consultorio al edificio que daba vida a la telenovela. Como era de esperarse, Cupido se encargaba de tirar sus flechas en los pasillos del edificio e iniciar una historia de amor entre el hijo de Hernán e Isabel, Pablo (Rolando Valenzuela), entre ellos se dio la típica relación entre una niña rica y un niño pobre, que abunda en las telenovelas, que deben enfrentar los prejuicios para poder ser feliz, siempre en el último capítulo.
En la Torre diez también tuvo un rol importante Sonia Viveros, quien interpretó a Thelma Bernard, una antigua amante del doctor Ugalde, una mujer cuyo único objetivo en la vida es conseguir dinero, sin importar el costo, como quedó demostrado a lo largo de la historia, con las revelaciones que se hacen sobre su oscuro pasado, ligado a estafas y robos. Ella además tenía algunos negocios un poco turbios con personas de la torre, como Estela Keller (Roxana Campos).
Claudio Reyes, en su época de galán de telenovelas, también tiene su historia en La Torre Diez, como Luchito el hijo menor de Lucy Salgado. Tampoco estuvieron ausentes de la historia, el conserje Serafín Illanes (Rubén Sotoconil), quien estaba al tanto de cada cosa que ocurría dentro del edificio.
Del gran maestro chileno Arturo Moya Grau y perteneciente a la época dorada de las telenovelas chilenas, este clásico dramón es considerado como la mejor teleserie chilena de todos los tiempos.
En su primer episodio ya se puede apreciar la carga dramática, al ver la tragedia que envuelve a una sencilla mujer, Marcia (la gran Jael Unger), que mientras se encuentra de vacaciones en el sur de Chile (Los Angeles) junto a su marido y una pareja de jóvenes amigos, una mujer es asesinada en el mismo hotel en donde se alojan. Como la mala suerte la persigue, Marcia es acusada como autora del homicidio y condenada a pasar el resto de su vida en la cárcel. Debiendo soportar el dolor de estar encerrada y no ver a sus hijos, debe además hacer frente al repudio de sus amigos y de su propio marido, Esteban (Walter Kliche), quien la abandona.
Pasan veinte años en prisión, Marcia regresa a su hogar para encontrar al verdadero asesino. Cabe recordar que en la época se formó una verdadera psicosis por saber quién había matado a Patricia, una interrogante que se supo mantener hasta el final de la teleserie.
Pero las cosas han cambiado mucho y su ex marido es un exitoso empresario y está por casarse con Ana Rosa (Ana María Palma) a lo que se opone firmemente su familia. Pero la única aspiración de Marcia es poder ver a sus hijos, aunque ellos creen que está muerta. Decidida a recuperarlos hace todos los esfuerzos posibles por conquistar nuevamente a Esteban, casarse con él y así convertirse en la madrastra de sus propios hijos.
La producción de la telenovela tuvo un costo de alrededor del medio millón de dólares. El inicio de las grabaciones se hizo con un mes de ensayo previo y a su cargo estaba Oscar Rodríguez y Ramón Núñez.
El último capítulo de La Madrastra tuvo a todo el país paralizado. Su director, Óscar Rodríguez, cuenta que esa tarde no circulaba un alma por las calles y que las fuentes de soda del centro de Santiago pusieron carteles que decían “aquí se ve La Madrastra”. Se suspendieron reuniones importantes, recuerda Rodríguez, pues nadie se quería perder la escena en que se revelara la identidad del asesino.
Una de las tantas obras dramáticas nacidas de la imaginación del recordado dramaturgo nacional Arturo Moya Grau, mismo creador de otro clásico nacional, La Madrastra. Producida por Canal 13 y emitida el segundo semestre del año 1987; dirigida por Cristián Mason.
Una historia donde el amor y los enredos de familia son el eje central. Ambientada en el sur de Chile, Pucón, Temuco y Villarrica, además de una escuela rural auténtica, en la que el personaje de Jael Ünger interpretaba su papel de profesora.
La trama gira en torno a tres cruces, las que a su vez corresponden a tres historias, todas relacionadas entre sí. La primera de ellas comienza en Villarrica, donde Tania (Soledad Pérez) conoce a una mujer embarazada que le traerá problemas insospechados. También está el Loro (Arturo Moya Grau) que hace de las suyas en las praderas, construcciones y pequeñas callecitas típicas del sur de Chile. La otra historia es en el campo, en Alto Jahuel, donde aparece la peculiar profesora Malena (Jael Ünger) que junto a su fiel perro Argus vive todo tipo de aventuras para salvar a su escuelita rural. La última es en Santiago y allí se desarrolla el misterio, la intriga y lo oculto que rodea a las tres cruces, donde la última de ellas es la más importante.
En Santiago vive una importante familia dueña de una industria, que provocará el conflicto y la lucha entre hermanos. A esto se suma una muerte inesperada de un importante miembro del clan familiar. Aquí aparece Kim (Carolina Arregui), una joven que acaba de terminar el colegio y que busca encontrar a su príncipe azul. Ella sostiene una íntima amistad con su primo Junior (Rodrigo Bastidas). Él es una persona llena de vida, que busca sobresalir y ser alguien, pero en el proceso se va dando cuenta de que otras cosas son más importantes en la vida.
Ambos amigos deben enfrentar a su familia, primero porque los quieren casar y ellos no están enamorados y, en segundo lugar, porque pronto se enteran que al parecer no son primos y que detrás de eso se oculta una misteriosa historia.
El tema principal de la teleserie es interpretado por una joven Myriam Heernandez.